Lucha libre y literatura: una historia de José Emilio Pacheco

Este 3 de julio falleció Pedro “El Perro” Aguayo, figura legendaria de la lucha libre mexicana, suceso que lamentan los aficionados a este duro deporte sin importar si son partidarios de los rudos o los técnicos.

Y este triste suceso nos sirve para reflexionar sobre el mundo de la lucha libre, que atrapa a la afición por su colorido ambiente de máscaras y rivalidades inolvidables, pero que también se ve envuelto en la polémica por la parcialidad de ciertos réferis hacia alguno de los bandos y, sobre todo, porque muchos ven este deporte como una “actuación”, una “coreografía” donde los gladiadores simulan lastimarse o ser enemigos cuando, según quienes así opinan, fuera del ring pueden llevar gran amistad.

Wrestlers during a show at the Mexico City Arena Coliseo, August 31, 2003. Wrestling, known in Spanish as Lucha Libre (Free Fight), is more acrobatic than its professional wrestling counterpart in the United States and has taken off in Japan. Lucha Libre wrestlers are traditionally either good guys, known as craftsmen or baddies, the rulebreakers, who will pull any dirty trick to win. REUTERS/Daniel Aguilar/FOR FEATURE MEXICO-WRESTLER

Personalmente, opino que quienes así piensan se olvidan de la gran preparación atlética que deben llevar estos deportistas y del riesgo que su disciplina implica para su integridad física, pues ha habido luchadores que han dejado la vida en el cuadrilátero, como, precisamente, el Hijo del Perro Aguayo en 2015.

Hoy quiero hablarles de una obra literaria en cuya trama, situada en los años 50, se aborda la lucha libre: “El principio del placer”, del gran maestro mexicano José Emilio Pacheco. Ésta es la historia de Jorge, un adolescente que llega a vivir a Veracruz procedente de la ciudad de México. En el puerto se enamora de Ana Luisa, una joven de nivel económico y educativo menor que el suyo pero que se convierte en su novia. Tras un breve romance donde Jorge no logra descubrir ciertos secretos de la vida de Ana Luisa que ésta nunca confiesa, la muchacha termina la relación porque, en sus palabras, Jorge merece tener otra novia que no le dé tantos problemas.

Pero éste no es el único desengaño que el protagonista se llevará: una noche, Jorge asiste a las luchas. En el encuentro estelar se enfrentan Bill Montenegro y el Verdugo Rojo. Después de un cruento combate, la lucha debe decidirse en la tercera caída. Al ver que su ídolo, el técnico Montenegro, es superado por el Verdugo, Jorge le arroja un elote al rudo, pero éste lo toma para picarle los ojos a su rival y finalmente vencerlo. El público, molesto por ver derrotado a Bill, se desquita con Jorge, quien de milagro sale airoso de la situación.

Y esto no es lo peor: días después, Jorge se encuentra en la playa a Bill Montenegro y al Verdugo Rojo departiendo alegremente y completamente ebrios. Los encarnizados rivales del ring son los grandes amigos de la vida real, piensa el joven, quien suma así una nueva decepción en su corta existencia.

“El principio del placer”, cuento largo para algunos y novela corta para otros, incluido en el libro del mismo nombre, es una de las obras más emblemáticas de José Emilio Pacheco por su tratamiento del mundo adolescente, por su narración, que lo mismo nos hace reír que añorar aquellos años en que fuimos jóvenes y descubrimos ese placer al que alude su título.

La anécdota de los luchadores no es el final de la historia. Los invito a averiguarlo por ustedes mismos y conocer el libro completo, una de las colecciones de cuentos más importantes de la literatura mexicana.

Hasta la próxima.


Jose Alejandro Carro Sanchez

Apasionado del deporte y la literatura. Relato historias de la relación de ambos con la cultura general.

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