Golpes de poesía: versos inspirados en el boxeo

En ocasiones, cosas aparentemente opuestas tienen puntos de encuentro. Tal es el caso del deporte y la poesía. En este género, como en la literatura y el arte en general, cualquier aspecto de la vida puede ser abordado, sin importar que ese tema determinado no parezca merecedor de figurar en los versos.

Quiero ejemplificar esta afirmación con el caso de dos poetas. Se trata de los escritores Eugenio Montale y José Emilio Pacheco, quienes dedicaron poemas para abordar, desde distintas ópticas, un deporte que, por su rudeza, difícilmente podría ser considerado por algunas personas como inspiración para las bellas artes.

Comencemos con el caso de Eugenio Montale (1896-1981), escritor italiano merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1975. Su obra poética está contenida en seis libros, de los cuales el más representativo es “Huesos de sepia” (1925). La contemplación de la naturaleza y la reflexión que esto provoca es la base de la poesía de sus primeros trabajos.

En su libro Diario del 71 y del 72 (1973) incluye el poema No me canso de decirle a mi entrenador. En él, un boxeador se queja del abandono en que lo ha dejado su manejador, pero, al mismo tiempo, Montale, con cierta dosis de humor, hace una analogía entre el pugilismo y la vida misma, los cuales, si observamos con atención, no son tan distintos como podría parecer.

Éste es el poema de Montale, traducido por Carlo Frabetti, para que lo disfruten y valoren ustedes mismos: “No me canso de decirle a mi entrenador/ tira la toalla/ pero él no oye nada porque ni en el ring ni fuera/ se le ha visto nunca./ Quizás, a su manera, trata de salvarme/ del deshonor. Que tanto se preocupe/ por mí, el idiota, o sea yo su bufón/ me tiene en vilo entre la gratitud/ y el furor”.

El siguiente ejemplo corresponde al gran maestro mexicano José Emilio Pacheco (1939-2014), cuya obra abarcó la novela (Las batallas en el desierto), el cuento (El viento distante) y la poesía. En su caso, el box sirve como metáfora de aquellas rivalidades que surgen a lo largo de nuestra vida con personas a las que a veces incluso ni siquiera llegamos a conocer directamente pero influyen en nosotros de un modo inimaginable para ellas.

El texto El adversario, del libro Desde entonces (1980), nos habla de una rivalidad surgida entre dos hombres por el amor de una mujer, aunque los oponentes nunca llegan a mirarse cara a cara. He aquí un fragmento de este poema en prosa del entrañable José Emilio: “Fuimos rivales. Libramos un combate de sombras en la mente de una mujer. Para emplear términos de un deporte feroz que a él le gustaba, digamos que perdí por decisión cada uno de los rounds, y él no se puso los guantes ni se movió de su esquina (…) Cuando menos lo espere, encontraré su nombre a mi espalda. Porque el oscuro duelo aún no ha terminado”.

Espero que estos ejemplos no sólo sirvan para ilustrar la presencia del deporte en ámbitos tan diferentes a su naturaleza como lo es la poesía, sino que también motiven la curiosidad de acercarse a la obra de Montale y Pacheco, escritores de lenguas y épocas distintas pero unidos a golpes de poesía.

Hasta la próxima.


Jose Alejandro Carro Sanchez

Apasionado del deporte y la literatura. Relato historias de la relación de ambos con la cultura general.

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