CROSS COUNTRY EN McFARLAND.

El mensaje es claro; hay que trabajar duro, tener metas en la vida. Si tienes las agallas y la dirección los puedes lograr. Todos necesitamos ayuda, todos nos tropezamos, lo importante es levantarse, seguir para adelante, con visión.”

McFarland es una pequeña comunidad agrícola situada al norte de California, la gente dice que parece un pueblo olvidado por Dios. En 1987 era un pueblo habitado por nueve mil personas aproximadamente; inmigrantes latinos, en su mayoría, quienes vivían del duro proceso de trabajar la tierra. Eran familias de bajos recursos con un futuro muy poco prometedor. Por aquel entonces sólo existían dos extremos: se educaban y hacían deporte o encontraban en las calles un estilo de vida de perdición.

Jim White era un maestro de educación física que llegó a regañadientes a la secundaria McFarland, ubicada en la comunidad homónima. Comenzó a familiarizarse con cada uno de los chicos y les tomó un interés especial. Notó que varios de sus alumnos contaban con cualidades innatas para convertirse en corredores.

Fue ahí cuando decidió conformar un equipo de cross country (carreras a campo traviesa) en una ciudad donde sólo se había conseguido perder y donde la mayoría eran estudiantes latinos sin oportunidades en los Estados Unidos. Algo más allá de la condición física de los jóvenes impresionó a White: el poder de las relaciones familiares, su inquebrantable compromiso hacia el prójimo y su increíble ética laboral. Se involucró en las costumbres mexicanas y ayudó a los alumnos a superar obstáculos familiares por medio de la motivación.

Los chicos no tenían mucho tiempo para practicar con el equipo porque tenían que ayudar a sus padres en el campo. El éxito en el cross country depende del compromiso y la disciplina, entonces White constantemente les ayudaba trabajando en el campo, cambiaba de hora los entrenamientos y si alguno de sus alumnos no podía asistir entrenaba individualmente con ese alumno. Además, les compró tenis para correr. Su entusiasmo logró contagiar a su esposa Cheryl, quien les preparaba comida para los entrenamientos y las competencias.

White era un motivador capaz de sacar lo mejor de los alumnos, les hablaba a un nivel personal y familiar que generaba empatía y ganas de triunfo. Pronto se convirtieron en siete jóvenes guiados por un inspirador entrenador que vencieron todas las probabilidades.

Sin el equipamiento apropiado, contra todo pronóstico pero con un hambre de victoria enorme, ese mismo año de 1987, los chicos y White se convirtieron en campeones estatales de carreras a campo traviesa.

A partir de entonces lograron forjar un sólido legado y consolidar una dinastía de atletas a campo traviesa que aún existe en la actualidad, ya que a partir de ese momento, los equipos de corredores de la escuela McFarland han ganado 9 campeonatos estatales y la pequeña escuela es considerada una fuerza motora en ese deporte.

Jim White se retiró en 2002 después de 25 años entrenando al equipo. Los ex campeones de 1987 viven y trabajan ahí, crían a sus familias y apoyan activamente al equipo de cross country de la actualidad; donando bienes y dinero para cubrir las necesidades del equipo.

Esta fue una historia de superación de trascendió en el tiempo y cruzó fronteras.


Marcela Leyva

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