Con la edición número 37 del Maratón de la Ciudad de México como motivación, la ocasión es propicia para inspirarnos con películas que abordan las carreras de larga distancia. Quiero hablarles de una cinta muy famosa que muestra épocas y situaciones significativas para mucha gente: Forrest Gump (1994), protagonizada por Tom Hanks y dirigida por Robert Zemeckis.

De entre la diversidad de temas de este filme, el que nos corresponde, el deporte, está presente con tres disciplinas: ping-pong, futbol americano y carrera de fondo. Me ocuparé de la última en esta ocasión.

Forrest Gump es un hombre de Alabama con un ligero retraso mental que vive experiencias singulares y conoce a personajes históricos de la cultura estadounidense desde los años 50. En su infancia tuvo que usar aparatos ortopédicos en las piernas, lo que, aunado a su condición intelectual, le acarreó el acoso de otros niños.

Esto lo obliga a escapar de sus perseguidores primero caminando a prisa y luego corriendo velozmente motivado por la famosa frase “¡Corre, Forrest, corre!”. En esa escena, vemos al Gump niño correr cada vez más rápido al tiempo que los aparatos caen y quedan esparcidos en el camino, ya inútiles.

Luego de diversas peripecias, Gump, ya adulto, siente unos deseos irrefrenables de correr, y no se conforma con recorrer los alrededores, sino que decide atravesar, primero, el condado y, después, todo Alabama e incluso Estados Unidos de costa a costa varias veces.

Es entonces que llama la atención de la gente y los medios de comunicación al convertirse en alguien famoso a quien algunos ven como inspiración y le piden ideas para frases publicitarias o negocios; también es visto como alguien sabio que conoce las respuestas que todos buscan, y llega el momento en que tiene admiradores que lo acompañan en su recorrido por el país. Ante las preguntas de la prensa, que le cuestiona el porqué de su proeza, Forrest responde: “Tenía ganas de correr”.

Finalmente, luego de tres años de correr y sólo detenerse para comer y dormir, Gump, ante el asombro de sus seguidores, se detiene. Todos esperan que diga palabras profundas que revelen el sentido de la vida, pero, para su decepción, sólo dice: “Estoy muy cansado. Es hora de irme a casa”. Es así como Forrest dejó su vida de corredor para dedicarse a otros menesteres.

En su travesía deportiva, Gump contempla espectaculares paisajes y recuerda a las personas más importantes de su vida. Ciertamente, eso nos pasa a todos los que alguna vez, sin importar si somos atletas de élite o deportistas recreativos, hemos vivido la maravillosa experiencia de correr. Éste puede ser un deporte donde se compite contra otros, pero también suele practicarse en la más absoluta individualidad, aunque en la mente nunca se está solo, pues muchas cosas nos acompañan.

La competencia más importante para un corredor es la que enfrenta ante sí mismo, y sus límites son los que él mismo se impone. Tal vez por eso Forrest Gump corrió tanto tiempo, pues para él no había límites. La meta que un corredor se impone puede estar tan distante de la salida como una vuelta a la manzana o un maratón.

Con esta filosofía e historias como la de Forrest Gump, deshagámonos de los pretextos y disfrutemos el sencillo placer de correr.

Hasta la próxima.


Jose Alejandro Carro Sanchez

Apasionado del deporte y la literatura. Relato historias de la relación de ambos con la cultura general.
Jose Alejandro Carro Sanchez

Jose Alejandro Carro Sanchez

Apasionado del deporte y la literatura. Relato historias de la relación de ambos con la cultura general.

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